
Hay lugares en el mundo que te dejan sin palabras, sitios donde el tiempo parece haberse detenido. Visitar donde fue un campo de exterminio nazi en Alemania fue una de las experiencias más impactantes de mi vida. No es un destino turístico común, ni un sitio que se visite por placer, pero es un recordatorio poderoso de una historia que nunca debe repetirse.
Fui a Oranienburg al campo de concentración de Saschenhausen. Desde el momento en que crucé la entrada, nos ofrecieron la opción de vivir la experiencia con una audioguía que narraba cada detalle histórico. Sin embargo, decidí recorrer el lugar en silencio. Al traspasar los portones, sentí un nudo en la garganta. El frío era más intenso de lo habitual para ser otoño, como si el ambiente estuviera impregnado de la tristeza y el sufrimiento que ahí se vivió.
Caminé por senderos que, décadas atrás, habían sido transitados por miles de personas que jamás pudieron salir. Leí nombres, fechas, historias… Cada uno representaba una vida. El ambiente era sobrecogedor, y el silencio que lo envolvía lo hacía aún más impactante. Vi visitantes de todas partes del mundo que, como yo, estaban allí no solo para conocer la historia, sino para recordarla y honrarla. Porque solo recordando podemos asegurarnos de que algo así no vuelva a suceder.
Lo que más me impactó fue la atmósfera del lugar. Un silencio profundo que te obliga a reflexionar, a sentir el peso de la historia en cada paso. Poco a poco, empecé a experimentar una sensación extraña: un dolor de cabeza intenso y un malestar que recorría todo mi cuerpo. La carga emocional era abrumadora. Finalmente, solo pude completar la mitad del recorrido, pues la sensación se volvió insoportable.
Salir de aquel lugar no fue fácil. Me llevé una mezcla de emociones que tardé días en procesar. Pero una cosa me quedó clara: visitar un campo de exterminio nazi no es solo una experiencia histórica, es una lección de humanidad.

Hoy, más que nunca, creo en la importancia de viajar no solo para descubrir lugares hermosos, sino también para conocer la historia, aprender de ella y crecer como persona. Porque el mundo no solo está hecho de paisajes increíbles y aventuras inolvidables, sino también de capítulos oscuros que debemos recordar para asegurarnos de que nunca vuelvan a escribirse.